Capítulo XII: El paso del "Mito" al "Logos"

El lunes, un día después de haber escrito "El Concierto de Rock" me sentía como en la antesala de lo que podría ser un resfriado o algún tipo de inflamación de garganta, como de costumbre. La enfermedad avanzaba muy progresivamente y empezaba a sentir sensaciones que no tenía desde hace muchos años, cuando rupperín retaba sin miedo con la mirada a su otro yo mientras se miraba al espejo.

Pasaban los días y mi temperatura corporal parecía cada vez más y más elevada. Yo me tomaba religiosamente mi Paracetamol cada 8 horas pero parecía no tener el efecto que buscaba. Aguanté así hasta el viernes, cuando mi madre me pidió que fuera al médico para ponerme en tratamiento, y qué bien que me vino ... más o menos.

Mi médico de cabecera no estaba así que fui como una urgencia buscando un médico que pudiera atenderme. Cuando llegué, el médico me hizo las típicas preguntas pertinentes para que le diera a entender qué me pasaba. Después, fuimos hasta la camilla y me auscultó por la parte trasera del pecho para ver cómo iba. Cuando terminó, se sentó al lado mia y me asustó un poco cuando me dijo: Vamos a tener que hacer una placa, ¿eh?. Lo primero que pensé cuando me lo dijo fue: ¿Qué? ¿Qué placa? ¿Para qué? ¿Dónde está mi jarabe con sabor a fresa que todo lo cura? Y bueno... también pensé que si es necesario pues habrá que hacerlo. De hecho... incluso lo vi como una ventaja. Podría comprobar así si el tabaco acumulado en mis pulmones a lo largo de los años habría causado algún daño o todavía no. Aun así, le pregunté al señor doctor: - Pero, todo esto es un proceso rutinario, ¿no? - Me contestó que el motivo era el de descartar posibles patologías que pudieran ser incompatibles con los fármacos que me iban a suministrar. Me sorprendió, ya que mi médico habitual nunca me manda hacer pruebas de ningún tipo (Yo siempre he pensado que es un poquitín incompetente, pero bueno...)

Mi abuela estaba preocupada porque por culpa de esta enfermedad no he podido celebrar la Navidad con ella. Cuando iba de camino para hacerme las radiografías (Que quedaba bastante lejos) la llamé para ver cómo estaba y bueno... parece que hablar con ella es como hablar contra una pared de hormigón. ¿Para qué explicarme si al final mi abuela saca las conclusiones más absurdas del tema expuesto y a su vez las da como veraces y a su vez su interpretación la toma como algo que se ha dicho literalmente? Pero bueno, por lo menos se preocupa por mi. Después de hacerme la radiografía, que me la hicieron en un plis plas, volví al ambulatorio. Es curioso como antes había que esperar por el revelado, por si se tenía que repetir... Ahora las maquinitas estas son una maravilla. Te metes en una especie de probador de 2 puertas, te despelotas y esperas a que la señora radióloga avise, sales, te pones delante de una maquinita y pum! Te atraviesa un haz de rayos X hacia una zona concreta... y en un segundo esa imagen puede estar en cualquier parte del mundo, menudo invento... sin revelar, sin radiografías físicas... una maravilla.

Despues de tanto ir y volver estaba bastante cansado. Cuando llegué de nuevo a mi Centro de Salud el médico que me había atendido se había ido y tuvieron que asignarme a otro. Despues de esperar y esperar por fin me atendieron. La doctora después de hecharle un vistazo a su pantalla de PC soltó un ... - ¡Vaya! - Y yo pensando: ¿Qué? -  Tienes dos historiales, dijo (Tampoco sería una sorpresa que me dijera que soy algo bipolar, por eso de mi historial y el de mi conciencia que necesitan comer aparte)

Poco después entró una señora que se puso de charla con la doctora. Después de una buena charla, la doctora que estaba examinando mi radiografía interrumpió su conversación y dijo: Roberto, no tienes neumonía. Y yo pensando, pues mira qué bien. A continuación me preguntó si había algún medicamento que me sentara mal y le dije que de momento no tenía constancia física de ello (Siempre que me tomo un medicamento es porque estoy mal y no suelo hacer distinciones entre malestares) y bueno... al final me dió un antibiótico y un jarabe expectorante. No conocía el antibiótico, suelen darme amoxicilina/clavulánico pero esta vez le tocó el turno a la familia de las Fluorquinolonas, un medicamento con moxifloxacino como principio activo de la marca Bayer, llamado Actira 400 mg.

En los días siguientes, ya con el tratamiento comenzado, no me encontraba nada bien. La fiebre me iba en aumento y era incapaz de comer o beber. La tos me enrojecía más la garganta. Parecía como si mi cuerpo no pudiera soportar la temperatura ambiental. Me daba duchas de agua muy caliente porque me sentía más cómodo en un estado febril. Notaba que la temperatura de mi cuerpo no era normal. Tenía casi 39º encima pero era como si mi cuerpo pidera más y más. Mi mayor temor era que pudiera tener una temperatura demasiado elevada. Desde el lunes hasta ayer sólo he podido dormir unas 8 o 10 horas haciéndo un cómputo global. Quería sudar la fiebre, no sabía como. En una de estas, mientras iba al baño, bebí un trago de agua del grifo que en esta época del año está muy fria y me di cuenta de que ya era hora de tomarme otro paracetamol. La cocina es mucho más fria que el resto de las habitaciones. Sentía como si una ventisca helada recorriera todo mi cuerpo. Un frío destemplado, incluso doloroso. En ese momento intenté concentrarme en mis propias emociones para así controlar el sentimiento de frio. Al hacerlo, experimenté sensaciones muy curiosas. Primero sentí como un chispazo mental, como un agobio irracional en el que se me decia que lo que intentaba hacer no era muy sensato. Mis manos empezaron a sudar, tuve miedo... cogí mi vaso de agua con el paracetamol efervescente que todavía estaba en periodo de disolución y lo llevé para cama. A medida que caminaba, me invadía una presión enorme en la cabeza así como la sensación de que algunas de mis funciones físicas estaban fallando. La visión se me nublaba y tenía la sensación de que iba a perder el conocimiento. La diferencia térmica entre mi habitación y la cocina era enorme. Me senté al borde de la cama sin saber bien que hacer mientras sentía como mi cuerpo reaccionaba sudando por cada poro de una manera bestial. Todos, absolutamente todos los poros de mi cuerpo se habían puesto de acuerdo para trabajar juntos. De mi frente caían gotas y gotas y más gotas. Como solución, pese a que me estaba quedando "ciego" decidí cerrar los ojos, tumbarme y abrigarme con las mantas, aunque estuviera empapado en sudor. En cuestión de segundos, al abrigarme, el sudor dejó de salir. Estaba muy cansado, tanto física como mentalmente. Lo único que me quedaba era abandonarme al mundo de los sueños y las pesadillas, esas pesadillas alucinatorias que me dan incluso estando despierto cuando me dan este tipo de cosas.

En los días siguientes ya tenía la lección aprendida. La estufa me llevó a esto y la estufa no me sacará de esto así que: Nada de dormir con estufa. Estufa mala. Sabía que mis sensaciones térmicas eran producto de una disfunción producida por la fiebre. El frio no era del todo real, de hecho... era mi mejor aliado. Yo sólo tenía que abrigarme muy bien y mi cuerpo haría todo lo demás. Cuando comencé a hacer las cosas bien me di cuenta de que me dormía con fiebre, pero me despertaba empapado y sin sensación de fiebre. Como si el cuerpo aprovechara mis estados de sueño para ocuparse de cosas que me resultarían más molestas que si estuviera despierto.

Mañana me toca la última dosis de antibiótico, menos mal, no me gusta la sensación de que unos bichitos de laboratorio me estén esterilizando, bacteriológicamente hablando, por dentro. Ya falta poco.

He recuperado las ganas de comer, más o menos, noto que el estómago se me ha achicado y tengo que obligarme a comer un poquito más para que mi cuerpo se habitúe y coja fuerzas. Todavía no he recuperado del todo el gusto y el olfato pero los efectos de estar sin fumar durante una semana dan resultados. Noto las cosas más dulces, más saladas... con más sabor.

Lo he pasado muy mal en algunos momentos, sobre todo en lo referente al aspecto mental. Reviví alucinaciones que no tenía desde muy niño. Pesadillas por la noche y por el día. Sensación de vértigo, de pérdida de personalidad. Como si esta última semana se hubiera hecho larguísima. Es lo que no me gusta de los antibióticos, me atontan demasiado. Tampoco me gustan los prospectos en los que están presentes frases como: "Puede producir pérdida de personalidad" o "alucinaciones" pero bueno... confiaré en los médicos e intentaré ser paciente con estas cosas.

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