Capítulo VIII: La Odisea
A veces pienso que para conocer bien una ciudad, es necesario perderse en ella, incluso con mapa, como es mi caso. Hace ya varias semanas que he ido a visitar a Aniña a Gijón. Mientras estaba allí tenía la necesidad imperiosa de escribir sobre todo lo que iba experimentando aunque esas ganas se disipaban en cuanto encontraba un momento más relajado. Gijón es una ciudad muy bonita. Gijón se parecía mucho a La Coruña, pero en limpia, es decir ... Cuando recuerdo ciudades gallegas las recuerdo como bonitas pero tratándose más de una belleza sucia, salvaje, incontrolable más que de algo más sobrio o planificado. Supongo que también sería fruto de una reciente estructuración urbanística pero era muy bonito ver desde un paseo marítimo cómo rompían las olas a unos 50 metros de la costa bajo la perspectiva testimonial de una escultura gigante de Chillida llamada "Váter de King Kong".. Olas enormes que raras veces llegaban a la orilla. Fuente de inspiración ilimitada para los paseantes y los corredores que llenaban cada día ese paseo.
Se trataba de un viaje obligado. Cuando Aniña se pasó por aquí para ver las Islas Cies le comenté que iría a visitarla. Puede que tenga muchos defectos... y puede que sea muy indeciso a la hora de hacer cosas... pero creo que todavía puedo presumir ser un hombre de palabra, quizás lo único necesario en esta vida. Además, me apetecía mucho ver a ese terremotillo que siempre sabe como sacarme de quicio y cómo exponer su peculiar forma de ver la vida. Tampoco es que me saque de quicio, pero sabe como proporcionarme la chispa de motivación que necesito en el momento más adecuado.
El primer día caía en un viernes. Eran sobre las 5 y media o 6 de la madrugada cuando me desperté, me duché, desayuné, repasé todo que iba a lllevar y salí sobre las 8 de la mañana ya que a las 9 tenía que coger el bus. Fue un viaje bastante cansado, más que por el viaje en sí por la impaciencia... Pensar que de Vigo a Gijón hay unas 4 horas como máximo en coche... y en autobús lleva 7 horas. Creo que no pasamos por ningún peaje. Menudo negocio se tienen montado estos de ALSA. Seguramente lo eclipsen bajo la justificación de "ruta turística" pero bueno... fueron peor las 14 o 15 horas que tardé en llegar a Cartagena.
Llegué a Gijón a las 16:00 (Por lo menos fueron puntuales) y lo primero que hice al llegar fue llamar a Ana. Tenía que esperar un poco ya que todavía estaba trabajando, para más inri me quedé sin batería nada más decirle que estaba en la estación de autobuses así que me puse a esperar. El tiempo se me hacía eterno ya que tenía unas ganas enormes de tumbarme y dormir una siesta aunque conociendo a Ana... me daba que pasarían muchas, muchas horas hasta que pudiera dormir tranquilo. Una hora después llegó ella con sus prisas de costumbre. Me contaba que había tardado tanto porque se había equivocado de salida y había cogido la carretera de Avilés en vez de la de Gijón pero bueno, me sentía aliviado de que por fin la hubiera encontrado. Ya me imaginaba teniendo que racanear corriente eléctrica en una cafetería para cargar el móvil y preguntarle dónde estaba.
Cuando llegamos a casa me presentó a una de sus compañeras de piso, Azahara, una chica de unos 18 años que estaba estudiando para Asistente Social, Educadora Social o algo así, no recuerdo bien la denominación exacta de la carrera. Tambien estaba por allí su novio (El de Azahara) que era técnico informático y que era algo así como el técnico de las chicas cuando tenían algún problema con el ordenador (Qué paciencia que tenía que tener el chaval...) Poco después, sobre las 18:30, Ana se tenía que ir ya que los días de semana, sobre esa hora asistía a un curso de Prevención de Riesgos Laborales. Mientras ella se fue yo me quedé en su habitación con la esperanza de que por fin pudiera dormir una siesta ya que después teníamos pensado salir a tomar unos vinos para celebrar mi llegada a esas nuevas tierras. Intenté dormir pero no fui capaz. Me suele pasar que cuando voy a un sitio nuevo me cuesta dormir en las primeras noches, así que deshice la maleta y ordené todo un poco ya que Ana tenía la habitación patas arriba.
Cuando regresó por la noche salimos a tomar unos vinos y a ponernos al día sobre todo lo ocurrido desde la última vez que nos vimos (Lo mio fue breve, como siempre...) y bueno... como siempre, acabé bastante contentillo con 3 vinos de Rueda. Los locales de vinos suelen cerrar sobre las 23:00 de la noche así que nos fuimos en busca de una sidrería pensando que tendrían un horario más flexible ... pero no fue así ... y nos fuimos hasta el paseo marítimo para hacer un poco de turismo, todavía era temprano para volvernos a casa. Paeando y paseando ... nos quedamos en un local, medio pub, medio cafetería y yo me animé a pedirme un Cacique con Cola. Mientras me lo tomaba Ana decidió llamar a una chica que conocía desde su infancia. Quedamos con ella y con un chico que la acompañaba (La verdad es que no recuerdo sus nombres) y yo ya estaba en el momento semibajón ya que el cubata empezaba a hacer su efecto contrario. Por el camino, el chico se desvió para conseguir algo de cocaina, para esnifarla o no sé bien a dónde fue, tampoco me importaba demasiado y con el pedal que llevaba no me enteraba mucho de la copla, pero se unió a nosotros un poco más tarde. Fuimos a un local en el que ponían música Tecno, pero de este Tecno durillo para pastilleros que a mi no me hace mucha gracia, la verdad. No me sentía ni bien ni mal, simplemente estaba ensimismado en mi propio mundo, con una cerveza en la mano pese al semibajón que llevaba y escuchando música que no me hacía mucha gracia. Cuando salimos de allí fuimos a un local que me gustó mucho más, un local Heavy. Antes de entrar, el chico se metió una raya de cocaina ofreciéndome repetidas veces... Pese a mi negativa, el chico insistía recibiendo más negativas... El simple hecho de que me lo ofreciera a Ana le parecíó una ofensa (A mi también) pero prefería mantenerme discreto. Cuando entramos al local, la chica me ofreció un chupito, parecía un licor fuerte. Yo acepté a tomarlo ya que bueno ... en el estado en que estaba ... De perdidos al río. La verdad es que fue una mala decisión. Me volvió el bajón en medio del local, entre el calor, el humo de tabaco, la música a todo volumen ... Tal fue así que tuve que avisar a Ana para decirle que salía para fuera ya que me encontraba mal aunque fue demasiado tarde. En una de mis arcadas incontrolables ... vomité todo lo que llevaba encima sobre el suelo del local en dos tiempos. Cuando paré de vomitar, Ana me sacó del local para que me diera el aire y me pidió una botella de agua para beber y enjuagarme la boca. Creo que nunca me había sentado tan bien una vomitera. Estaba sudado, cansado... pero me sentía liberado. El aire frío de la calle golpeaba mi cara y me encontraba muchísimo mejor que minutos anteriores. Los "amigos" de Ana no se lo tomaron demasiado bien, la verdad es que ella misma admitía que no son sus amigos, sólo conocidos. Yo sentí como si mi gesto les hubiera ofendido bajo el pretexto de ... : "Puf... éste qué rápido dobla ... y eso que no se metió nada raro..." aunque la verdad es que esas cosas me dan absolutamente igual. Yo me siento orgulloso de haber vomitado, con ese tipo de gente prefiero que me vean como alguien diferente que no como un igual ya que su mundo y el mio son completamente diferentes. Ellos se creerán lo más por hacer lo que hacen... a mi la verdad es que me dan lástima (Nota: En algunas frases me da la impresión de que estoy perdiendo mi carisma dialéctico-cultural...)
Después de todo esto, Ana y yo cogimos un Taxi y nos fuimos para casa. Ella estaba más borracha que yo porque no había vomitado y más o menos había tomado lo mismo que yo.
Al día siguiente nos despertamos bastante tarde y ella tenía una resaca tremenda. Yo me sentía bastante despejado aunque me notaba que todavía tenía cansancio acumulado. Lo de descansar bien tendría que esperar ya que Ana tenía planeado celebrar esa noche de sábado su cumpleaños. Su idea era la de celebrarlo la semana pasada pero algunos de sus amigos, yo entre ellos, no podían asistir ya que les pillaba demasiado pronto. Los amigos que fueron a su cumpleaños eran muy diferentes de los chicos con los que había estado la noche anterior. Estos parecían más sanotes.
Ana tuvo la "estupenda" idea de celebrar su cumpleaños en un Restaurante Gallego. Comimos zamburiñas, pulpo y derivados de la gastronomía Gallega. Sus amigos no paraban de preguntarme sobre cosas de Galicia que yo no tenía ni idea. Allí mismo me enteré de que a las patatas cocidas se les llaman cachelos (Es lo que tiene ser un chico de ciudad...) y por supuesto... nos pusieron un buen vino de Ribeiro. Ana se animaba a pedir y a pedir... como si fuera para una boda.... Ais.... se notaba que no siempre tuvo la oportunidad de celebrar su cumpleaños como Dios manda y lo que quería es que comiéramos bien sin que nos faltara nada. Al final la tuvimos que frenar porque ella no paraba de pedir. De postre, Ana le pidió al camarero que nos sirviera una queimada, con su conjuro y todo... que la verdad, lo recitaba genial y era el típico camarero que sabía como poner la entonación adecuada para recitar conjuros.
Cuando terminamos de comer muchos de sus amigos se fueron... Algunos bajo la excusa de que tenían otros compromisos y bueno, quedamos Marta, Laura (Creo que se llamaba así), Ana y yo... y nos fuimos a uno de esos locales que frecuentan los jóvenes norteños, uno de esos típicos antros en los que ponen música de los 80/90 y con una decoración en que lo solemne brilla por su ausencia (Como me gusta, vaya), era el Bar INN. Estuvimos allí un rato bailando para hacer la digestión y esas cosas y después de unas cuantas canciones nos fuimos...
La verdad es que en la semana y poco que estuve allí me lo he pasado muy bien y he tenido más vida que en los últimos meses. Hay ciertas cosas que no sabría encajar del todo cronológicamente pero bueno, los días siguientes del cumpleaños me los pasé haciendo un poco de turismo por la ciudad, perdiéndome, echando currículums a empresas de por allí, haciendo recados que Ana no podía hacer... y bueno, fue una bonita experiencia aunque espero que se repitan cosas así más a menudo cuando las circunstancias lo permitan.
Se trataba de un viaje obligado. Cuando Aniña se pasó por aquí para ver las Islas Cies le comenté que iría a visitarla. Puede que tenga muchos defectos... y puede que sea muy indeciso a la hora de hacer cosas... pero creo que todavía puedo presumir ser un hombre de palabra, quizás lo único necesario en esta vida. Además, me apetecía mucho ver a ese terremotillo que siempre sabe como sacarme de quicio y cómo exponer su peculiar forma de ver la vida. Tampoco es que me saque de quicio, pero sabe como proporcionarme la chispa de motivación que necesito en el momento más adecuado.
El primer día caía en un viernes. Eran sobre las 5 y media o 6 de la madrugada cuando me desperté, me duché, desayuné, repasé todo que iba a lllevar y salí sobre las 8 de la mañana ya que a las 9 tenía que coger el bus. Fue un viaje bastante cansado, más que por el viaje en sí por la impaciencia... Pensar que de Vigo a Gijón hay unas 4 horas como máximo en coche... y en autobús lleva 7 horas. Creo que no pasamos por ningún peaje. Menudo negocio se tienen montado estos de ALSA. Seguramente lo eclipsen bajo la justificación de "ruta turística" pero bueno... fueron peor las 14 o 15 horas que tardé en llegar a Cartagena.
Llegué a Gijón a las 16:00 (Por lo menos fueron puntuales) y lo primero que hice al llegar fue llamar a Ana. Tenía que esperar un poco ya que todavía estaba trabajando, para más inri me quedé sin batería nada más decirle que estaba en la estación de autobuses así que me puse a esperar. El tiempo se me hacía eterno ya que tenía unas ganas enormes de tumbarme y dormir una siesta aunque conociendo a Ana... me daba que pasarían muchas, muchas horas hasta que pudiera dormir tranquilo. Una hora después llegó ella con sus prisas de costumbre. Me contaba que había tardado tanto porque se había equivocado de salida y había cogido la carretera de Avilés en vez de la de Gijón pero bueno, me sentía aliviado de que por fin la hubiera encontrado. Ya me imaginaba teniendo que racanear corriente eléctrica en una cafetería para cargar el móvil y preguntarle dónde estaba.
Cuando llegamos a casa me presentó a una de sus compañeras de piso, Azahara, una chica de unos 18 años que estaba estudiando para Asistente Social, Educadora Social o algo así, no recuerdo bien la denominación exacta de la carrera. Tambien estaba por allí su novio (El de Azahara) que era técnico informático y que era algo así como el técnico de las chicas cuando tenían algún problema con el ordenador (Qué paciencia que tenía que tener el chaval...) Poco después, sobre las 18:30, Ana se tenía que ir ya que los días de semana, sobre esa hora asistía a un curso de Prevención de Riesgos Laborales. Mientras ella se fue yo me quedé en su habitación con la esperanza de que por fin pudiera dormir una siesta ya que después teníamos pensado salir a tomar unos vinos para celebrar mi llegada a esas nuevas tierras. Intenté dormir pero no fui capaz. Me suele pasar que cuando voy a un sitio nuevo me cuesta dormir en las primeras noches, así que deshice la maleta y ordené todo un poco ya que Ana tenía la habitación patas arriba.
Cuando regresó por la noche salimos a tomar unos vinos y a ponernos al día sobre todo lo ocurrido desde la última vez que nos vimos (Lo mio fue breve, como siempre...) y bueno... como siempre, acabé bastante contentillo con 3 vinos de Rueda. Los locales de vinos suelen cerrar sobre las 23:00 de la noche así que nos fuimos en busca de una sidrería pensando que tendrían un horario más flexible ... pero no fue así ... y nos fuimos hasta el paseo marítimo para hacer un poco de turismo, todavía era temprano para volvernos a casa. Paeando y paseando ... nos quedamos en un local, medio pub, medio cafetería y yo me animé a pedirme un Cacique con Cola. Mientras me lo tomaba Ana decidió llamar a una chica que conocía desde su infancia. Quedamos con ella y con un chico que la acompañaba (La verdad es que no recuerdo sus nombres) y yo ya estaba en el momento semibajón ya que el cubata empezaba a hacer su efecto contrario. Por el camino, el chico se desvió para conseguir algo de cocaina, para esnifarla o no sé bien a dónde fue, tampoco me importaba demasiado y con el pedal que llevaba no me enteraba mucho de la copla, pero se unió a nosotros un poco más tarde. Fuimos a un local en el que ponían música Tecno, pero de este Tecno durillo para pastilleros que a mi no me hace mucha gracia, la verdad. No me sentía ni bien ni mal, simplemente estaba ensimismado en mi propio mundo, con una cerveza en la mano pese al semibajón que llevaba y escuchando música que no me hacía mucha gracia. Cuando salimos de allí fuimos a un local que me gustó mucho más, un local Heavy. Antes de entrar, el chico se metió una raya de cocaina ofreciéndome repetidas veces... Pese a mi negativa, el chico insistía recibiendo más negativas... El simple hecho de que me lo ofreciera a Ana le parecíó una ofensa (A mi también) pero prefería mantenerme discreto. Cuando entramos al local, la chica me ofreció un chupito, parecía un licor fuerte. Yo acepté a tomarlo ya que bueno ... en el estado en que estaba ... De perdidos al río. La verdad es que fue una mala decisión. Me volvió el bajón en medio del local, entre el calor, el humo de tabaco, la música a todo volumen ... Tal fue así que tuve que avisar a Ana para decirle que salía para fuera ya que me encontraba mal aunque fue demasiado tarde. En una de mis arcadas incontrolables ... vomité todo lo que llevaba encima sobre el suelo del local en dos tiempos. Cuando paré de vomitar, Ana me sacó del local para que me diera el aire y me pidió una botella de agua para beber y enjuagarme la boca. Creo que nunca me había sentado tan bien una vomitera. Estaba sudado, cansado... pero me sentía liberado. El aire frío de la calle golpeaba mi cara y me encontraba muchísimo mejor que minutos anteriores. Los "amigos" de Ana no se lo tomaron demasiado bien, la verdad es que ella misma admitía que no son sus amigos, sólo conocidos. Yo sentí como si mi gesto les hubiera ofendido bajo el pretexto de ... : "Puf... éste qué rápido dobla ... y eso que no se metió nada raro..." aunque la verdad es que esas cosas me dan absolutamente igual. Yo me siento orgulloso de haber vomitado, con ese tipo de gente prefiero que me vean como alguien diferente que no como un igual ya que su mundo y el mio son completamente diferentes. Ellos se creerán lo más por hacer lo que hacen... a mi la verdad es que me dan lástima (Nota: En algunas frases me da la impresión de que estoy perdiendo mi carisma dialéctico-cultural...)
Después de todo esto, Ana y yo cogimos un Taxi y nos fuimos para casa. Ella estaba más borracha que yo porque no había vomitado y más o menos había tomado lo mismo que yo.
Al día siguiente nos despertamos bastante tarde y ella tenía una resaca tremenda. Yo me sentía bastante despejado aunque me notaba que todavía tenía cansancio acumulado. Lo de descansar bien tendría que esperar ya que Ana tenía planeado celebrar esa noche de sábado su cumpleaños. Su idea era la de celebrarlo la semana pasada pero algunos de sus amigos, yo entre ellos, no podían asistir ya que les pillaba demasiado pronto. Los amigos que fueron a su cumpleaños eran muy diferentes de los chicos con los que había estado la noche anterior. Estos parecían más sanotes.
Ana tuvo la "estupenda" idea de celebrar su cumpleaños en un Restaurante Gallego. Comimos zamburiñas, pulpo y derivados de la gastronomía Gallega. Sus amigos no paraban de preguntarme sobre cosas de Galicia que yo no tenía ni idea. Allí mismo me enteré de que a las patatas cocidas se les llaman cachelos (Es lo que tiene ser un chico de ciudad...) y por supuesto... nos pusieron un buen vino de Ribeiro. Ana se animaba a pedir y a pedir... como si fuera para una boda.... Ais.... se notaba que no siempre tuvo la oportunidad de celebrar su cumpleaños como Dios manda y lo que quería es que comiéramos bien sin que nos faltara nada. Al final la tuvimos que frenar porque ella no paraba de pedir. De postre, Ana le pidió al camarero que nos sirviera una queimada, con su conjuro y todo... que la verdad, lo recitaba genial y era el típico camarero que sabía como poner la entonación adecuada para recitar conjuros.
Cuando terminamos de comer muchos de sus amigos se fueron... Algunos bajo la excusa de que tenían otros compromisos y bueno, quedamos Marta, Laura (Creo que se llamaba así), Ana y yo... y nos fuimos a uno de esos locales que frecuentan los jóvenes norteños, uno de esos típicos antros en los que ponen música de los 80/90 y con una decoración en que lo solemne brilla por su ausencia (Como me gusta, vaya), era el Bar INN. Estuvimos allí un rato bailando para hacer la digestión y esas cosas y después de unas cuantas canciones nos fuimos...
La verdad es que en la semana y poco que estuve allí me lo he pasado muy bien y he tenido más vida que en los últimos meses. Hay ciertas cosas que no sabría encajar del todo cronológicamente pero bueno, los días siguientes del cumpleaños me los pasé haciendo un poco de turismo por la ciudad, perdiéndome, echando currículums a empresas de por allí, haciendo recados que Ana no podía hacer... y bueno, fue una bonita experiencia aunque espero que se repitan cosas así más a menudo cuando las circunstancias lo permitan.
Comentarios
Publicar un comentario