Capítulo X: El paseo II
Como ya he comentado en alguna ocasión, todos o casi todos los días suelo dar un paseo realizando la misma ruta. Todavía desconozco cual es la finalidad real de esos paseos pero parece que me sientan bien. Un proceso en que el camino siempre es el mismo, lo único que cambia es todo lo que rodea a ese paseo. Las gentes que lo utilizan, el paisaje en función del caudal del río, de los ciclos biológicos, de la fauna y de la flora existente debido a los cambios diferenciados en las estaciones del año... incluso cambia en función de mi estado de ánimo, de mi resistencia muscular, de si estoy o no de resaca...
Cuando salgo de casa me aseguro de que llevo conmigo las llaves, el móvil (No sé para qué...) y la cartera... Después de mirarme al espejo de la entrada durante 5 minutos bajo la calle y bordeo las pistas de atletismo para adentrarme en un tramo del paseo por el que fluye, paralelo a éste, el río Lagares. La entrada es algo así como una puerta entre la civilización y la naturaleza salvaje, entre lo ordenado y lo caótico, aunque a veces no sabría distinguir a qué plano pertenece uno o otro. Mientras camino me fijo en mis sensaciones, mi ritmo de paseo, mi postura, la posición que adoptan mis piernas y camino intentando llevar un ritmo en función de lo que me pida el cuerpo. Mientras tanto, suelo cruzarme con lo que ahora son caras conocidas. Personas, en su mayoría jubiladas, que también pasean a la misma hora que yo, sea por hacer la digestión, por fortalecer la estructura ósea o por costumbre... de todas formas, lo hagan por los motivos que lo hagan se les suele ver una cara bastante saludable. A veces me sorprendo cuando veo corriendo a personas que me duplican o me triplican la edad. Ojalá cuando llegue a esa etapa tenga la salud, la moral, el tiempo y las ganas para hacer lo mismo. De momento lo de correr me lo reservo para algunos días esporádicos o para estaciones más calurosas.
Cuando llego al primer puente (como yo le llamo) en el que hay como un segundo puente que cruza perpendicular el primero y pasa justo por encima del río, pero por debajo de este primer puente, me hago consciente de que he caminado mi primer kilómetro. También me hago conciente de que el paisaje está a punto de cambiar pues, una vez superado este tramo, sólo habrá árboles, pajarillos, patos, conejos, algún que otro pavo de vez en cuando, ese olor embriagador y puro que lo inunda todo y.... alguna que otra fábrica de gestión de residuos sólidos llamaba Ecogalia que estropea un poco el paisaje, pero bueno... Durante ese tramo procuro diferenciar qué hay de diferente en todo lo que veo: El caudal de río, algún que otro perro que no había visto antes, el comportamiento de los animalillos que pululan por allí, la temperatura ambiental, cómo influye esa temperatura en la aparición de colonias de mosquitos chiquitines con las que choco cuando hace calor... y que a veces se me meten en los ojos, en la boca o se quedan pegados en mi frente a causa del sudor... y todas esas cosas... También pienso mucho mi, claro. Pienso en lo que he tenido, lo que he perdido, lo que tengo a causa de lo que he perdido y lo que pierdo a causa de lo que tengo. Sobre todo intento recordar parte de mi infancia y de mi adolescencia ya que a veces parece algo así como una laguna mental oculta que no quiere salir. También pienso en cosas que he dicho o que me han dicho y razono la parte de verdad o de no tan verdad que hay en todo eso, es decir, sí las decisiones que pueda tomar ahora sobre decisiones pasadas pueden tener algún tipo de criterio una vez que han pasado, que es algo que debo pulir ya que es un error corregirse en ciertas posiciones una vez que ya han pasado. Seguramente si me hubieran enfrentado a mi yo de hoy con mi yo de ayer... tendríamos una discusión enorme de dimensiones apocalípticas (Lo que da de sí un simple paseo, ¿eh?)
A medida que voy llegando al segundo puente, me entra un poco el pánico. Más que nada porque me parece una zona algo solitaria. Hubo un tiempo, en verano, en que cuando pasaba por esa zona salía de algún sitio un olor muy fuerte y nauseabundo, como el de un cadáver en descomposición, tampoco me puse a investigarlo claro pero el olor sólo duró una semana. Una vez pasado el segundo puente, el resto es todo rutina. Sigo la senda por la carretera que va a dar a Samil pero me desvío en dirección a la playa del Vao. De vez en cuando se ve por esa carretera a chicos corriendo o montando en bicicleta pero tampoco es lo más común. Una vez superada la subida de dicha carretera aminoro el paso y me quedo contemplando el mirador que hay en esa zona. Se ve Samil, el Vao, las islas cies...y la isla de Toralla con su puente. Como mi destino es Toralla me mentalizo diciéndome que ya queda poco aunque visualmente está bastante lejos. Cuando llego hasta la isla de Toralla hago un pequeño descanso de unos minutos a modo de ritual, recitando una oración y pidiendo por las personas a las que quiero.
Una vez de vuelta, viene lo peor... tengo los pies semi doloridos pero no me queda más remedio que seguir caminando para volver, aunque para volver... por absurdo que parezca, suelo cogerme la ruta larga. En el camino de vuelta voy hasta Samil, una vez en Samil me desvío para coger la Avenida Europa que es donde realmente veo trabajar mis piernas a pleno rendimiento. Una vez pasada la Avenida Europa voy por Castelao hasta la altura del Alcampo para bajar y llegar finalmente a Balaidos, mi casa. El caso... es que yo de vez en cuando me hago promesas absurdas, que cumplo, claro. En una de esas promesas, con un boleto de rascas de la ONCE premiado en el bolsillo, me dije que mientras me siga tocando desviaría mi ruta haciendo una más larga todavía. Mientras me siga tocando, en vez de desviarme por Martín Echegaray, sigo todo por la Avenida Castelao hasta llegar a la Plaza de América, una vez allí voy al puesto de la ONCE que es como mi "puesto talisman" y canjeo mi boleto premiado por los correspondientes homólogos según la cuantía del premio. Entre canjeo y canjeo ya van 4 veces seguidas que me toca algo y... en esta última... me han tocado 2€ en un boleto de 0,50 céntimos. No sé si seguir canjeando o quedarme con el dinero para romper mi promesa, de todas formas, parece que me estoy habituando a mi nueva ruta bastante bien y bueno... el tiempo tampoco me parece excesivo. Generalmente me lleva unas 2 horas o 2 horas y media hacerme toda la ruta... y aunque algunos lo vean como una exageración sádica a mi no me parece para tanto, mientras tenga tiempo para hacerlo, claro.
Supongo que cuando encuentre un empleo, que espero encontrarlo pronto, mis hobbies actuales se minimizarán pero bueno, mientras mantenga la moral de cuidar ligeramente mi cuerpo mediante estos paseos, bienvenido sea.
Cuando salgo de casa me aseguro de que llevo conmigo las llaves, el móvil (No sé para qué...) y la cartera... Después de mirarme al espejo de la entrada durante 5 minutos bajo la calle y bordeo las pistas de atletismo para adentrarme en un tramo del paseo por el que fluye, paralelo a éste, el río Lagares. La entrada es algo así como una puerta entre la civilización y la naturaleza salvaje, entre lo ordenado y lo caótico, aunque a veces no sabría distinguir a qué plano pertenece uno o otro. Mientras camino me fijo en mis sensaciones, mi ritmo de paseo, mi postura, la posición que adoptan mis piernas y camino intentando llevar un ritmo en función de lo que me pida el cuerpo. Mientras tanto, suelo cruzarme con lo que ahora son caras conocidas. Personas, en su mayoría jubiladas, que también pasean a la misma hora que yo, sea por hacer la digestión, por fortalecer la estructura ósea o por costumbre... de todas formas, lo hagan por los motivos que lo hagan se les suele ver una cara bastante saludable. A veces me sorprendo cuando veo corriendo a personas que me duplican o me triplican la edad. Ojalá cuando llegue a esa etapa tenga la salud, la moral, el tiempo y las ganas para hacer lo mismo. De momento lo de correr me lo reservo para algunos días esporádicos o para estaciones más calurosas.
Cuando llego al primer puente (como yo le llamo) en el que hay como un segundo puente que cruza perpendicular el primero y pasa justo por encima del río, pero por debajo de este primer puente, me hago consciente de que he caminado mi primer kilómetro. También me hago conciente de que el paisaje está a punto de cambiar pues, una vez superado este tramo, sólo habrá árboles, pajarillos, patos, conejos, algún que otro pavo de vez en cuando, ese olor embriagador y puro que lo inunda todo y.... alguna que otra fábrica de gestión de residuos sólidos llamaba Ecogalia que estropea un poco el paisaje, pero bueno... Durante ese tramo procuro diferenciar qué hay de diferente en todo lo que veo: El caudal de río, algún que otro perro que no había visto antes, el comportamiento de los animalillos que pululan por allí, la temperatura ambiental, cómo influye esa temperatura en la aparición de colonias de mosquitos chiquitines con las que choco cuando hace calor... y que a veces se me meten en los ojos, en la boca o se quedan pegados en mi frente a causa del sudor... y todas esas cosas... También pienso mucho mi, claro. Pienso en lo que he tenido, lo que he perdido, lo que tengo a causa de lo que he perdido y lo que pierdo a causa de lo que tengo. Sobre todo intento recordar parte de mi infancia y de mi adolescencia ya que a veces parece algo así como una laguna mental oculta que no quiere salir. También pienso en cosas que he dicho o que me han dicho y razono la parte de verdad o de no tan verdad que hay en todo eso, es decir, sí las decisiones que pueda tomar ahora sobre decisiones pasadas pueden tener algún tipo de criterio una vez que han pasado, que es algo que debo pulir ya que es un error corregirse en ciertas posiciones una vez que ya han pasado. Seguramente si me hubieran enfrentado a mi yo de hoy con mi yo de ayer... tendríamos una discusión enorme de dimensiones apocalípticas (Lo que da de sí un simple paseo, ¿eh?)
A medida que voy llegando al segundo puente, me entra un poco el pánico. Más que nada porque me parece una zona algo solitaria. Hubo un tiempo, en verano, en que cuando pasaba por esa zona salía de algún sitio un olor muy fuerte y nauseabundo, como el de un cadáver en descomposición, tampoco me puse a investigarlo claro pero el olor sólo duró una semana. Una vez pasado el segundo puente, el resto es todo rutina. Sigo la senda por la carretera que va a dar a Samil pero me desvío en dirección a la playa del Vao. De vez en cuando se ve por esa carretera a chicos corriendo o montando en bicicleta pero tampoco es lo más común. Una vez superada la subida de dicha carretera aminoro el paso y me quedo contemplando el mirador que hay en esa zona. Se ve Samil, el Vao, las islas cies...y la isla de Toralla con su puente. Como mi destino es Toralla me mentalizo diciéndome que ya queda poco aunque visualmente está bastante lejos. Cuando llego hasta la isla de Toralla hago un pequeño descanso de unos minutos a modo de ritual, recitando una oración y pidiendo por las personas a las que quiero.
Una vez de vuelta, viene lo peor... tengo los pies semi doloridos pero no me queda más remedio que seguir caminando para volver, aunque para volver... por absurdo que parezca, suelo cogerme la ruta larga. En el camino de vuelta voy hasta Samil, una vez en Samil me desvío para coger la Avenida Europa que es donde realmente veo trabajar mis piernas a pleno rendimiento. Una vez pasada la Avenida Europa voy por Castelao hasta la altura del Alcampo para bajar y llegar finalmente a Balaidos, mi casa. El caso... es que yo de vez en cuando me hago promesas absurdas, que cumplo, claro. En una de esas promesas, con un boleto de rascas de la ONCE premiado en el bolsillo, me dije que mientras me siga tocando desviaría mi ruta haciendo una más larga todavía. Mientras me siga tocando, en vez de desviarme por Martín Echegaray, sigo todo por la Avenida Castelao hasta llegar a la Plaza de América, una vez allí voy al puesto de la ONCE que es como mi "puesto talisman" y canjeo mi boleto premiado por los correspondientes homólogos según la cuantía del premio. Entre canjeo y canjeo ya van 4 veces seguidas que me toca algo y... en esta última... me han tocado 2€ en un boleto de 0,50 céntimos. No sé si seguir canjeando o quedarme con el dinero para romper mi promesa, de todas formas, parece que me estoy habituando a mi nueva ruta bastante bien y bueno... el tiempo tampoco me parece excesivo. Generalmente me lleva unas 2 horas o 2 horas y media hacerme toda la ruta... y aunque algunos lo vean como una exageración sádica a mi no me parece para tanto, mientras tenga tiempo para hacerlo, claro.
Supongo que cuando encuentre un empleo, que espero encontrarlo pronto, mis hobbies actuales se minimizarán pero bueno, mientras mantenga la moral de cuidar ligeramente mi cuerpo mediante estos paseos, bienvenido sea.
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