Capítulo I: El comienzo
Muchas veces, cuando intento mirar atrás en mi memoria no consigo ver más allá de tres o cuatro sucesos salientables a lo largo de mi vida. Mi cabeza parece estar estructurada de tal forma que los recuerdos, muchos de ellos importantes, sólo saltan al percibir ciertos conceptos clave. Una palabra, un olor, un sonido, la tonalidad con la que se pronuncia una frase, el contexto de una conversación, etc. En ocasiones, también me basta con una simple frase para desglosar todo un entramado (A veces caótico e ilógico) de pensamientos, cual terapia regresiva. Otras veces ni un tema completamente desglosado consigue arrancarme una idea nueva o una nueva perspectiva. Eso, en parte, tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Ventajas en el sentido de que el no recordar ciertos sucesos sin la chispa que producen ciertas situaciones me hace percibir lo negativo como algo cada vez más lejano a medida que pasa el tiempo aunque lo mismo me sucede con ciertas cosas positivas.
Según alcanza mi memoria, me recuerdo como un niño vivaz, inquieto, que no tenía miedo a los peligros. De hecho, solía buscarlos. Me gustaba trepar hacia sitios altos aun sabiendo que me caería ... y meterme en lugares excesivamente reducidos aun sabiendo que podría quedarme encajado. También era mucho más avispado de cara a las relaciones sociales. Era el típico niño al que todas las niñas le decían que no querían que yo fuera su novio. Algunas de ellas eran un poco más comedidas; ponían la excusa de que ya tenían a Dani y a Manu de novios y que no querían más, que dos ya eran suficientes. Otras, un poco más "cruelecillas", me daban una negativa justificándose en que yo era muy feo (De aquella el término feo o guapo se medía en función del expediente académico (Progresa Adecuadamente o Necesita mejorar) y del trabajo y del coche de papi, aunque de eso me di cuenta más tarde). Aun así yo lo intentaba una, y otra, y otra vez. La verdad es que no tengo ni idea de cuales podrían haber sido mis motivaciones para hacer ese tipo de cosas, pero me encantaba explorarlo todo y descubrir hasta dónde podrían llegar los límites de todo lo que me rodeaba. En muchos sentidos también me sentía un niño un poco diferente. Dada la educación recibida por mis padres, tenía inquietudes intelectuales que no eran compartidas por mis compañeros de clase ya que sus familias solían ser "perfectas y estructuradas", o así lo percibía yo. Ya desde pequeño me hice consciente de que las parejas Hollywoodienses quedan encerradas en la "caja tonta" una vez que se le da al botón de OFF a través del mando a distancia. Las niñas soñaban con ser princesas, con tener un marido médico (Aunque si una princesa se casara con un médico y no fuera un príncipe, se jodería toda la dinastía real, pero qué más daba ...) mientras que los niños soñaban ... vete tu a saber con lo que soñaban ... quizás con ser pilotos de carreras, luchadores de Pressing Catch o futbolistas, Supongo que los habría más avispados que soñarían con ser médicos para casarse con princesas y vivir felices para siempre, pero eso ya es otro cantar.
Cuando empecé a tomar conciencia de mis pensamientos e inquietudes, al mirar al cielo en una noche cualquiera, quedé hipnotizado ante la majestuosa presencia de la luna llena. Podía mirarla continuamente durante horas y horas, como si el tiempo se detuviera. Tanto fue así que tuve una época en mi niñez en la que quería ser Astrónomo. No sabía exactamente de qué se trataba ni en qué consistía pero me gustaba la idea de mirar siempre hacia el cielo, sin importar la remuneración económica que ello conllevara (Tampoco me planteaba ese tipo de cuestiones financieras de aquella, claro). Es curioso como de niños soñamos con lo que nos gusta de verdad mientras que en nuestra etapa de madurez nos acogemos a aquello que se ajusta a nuestras perspectivas de vida. Como si a medida que avanza el tiempo desistiéramos de nuestros sueños. Como si algún tipo de energía (social) nos hiciera ser conscientes de que somos seres con un sin fin de limitaciones y que esos sueños sólo forman parte de nuestra niñez y que de ahí no deben salir.
Aun hoy por hoy, cuando planteo este tipo de dilemas hay quien me dice: "¿Tienes Hijos? ¿Trabajas? ¿Tienes una hipoteca que pagar? Si no es así, no tienes derecho a lanzar ese tipo de pensamientos ya que si te vieras sumergido en aquello que conlleva este tipo de cuestiones, nunca te plantearías estas cosas". Sí, es posible... De todas formas, pienso que sí que existe gente que aun luchando duramente por la vida se plantea ese tipo de cuestiones. A veces pienso que hay ciertos planteamientos que se tendrán sean como sean las circunstancias de la vida, que parten de la forma que tiene la persona de analizar sus circunstancias. Quizás el principal inconveniente de preguntarme cosas sobre los misterios de la vida es que no hago más que eso, preguntar o argumentar sin actuar de forma eficiente y eso la verdad, me quema bastante. No actuo porque no quiera si no porque a veces peco de precavido ante ciertas oportunidades y como dice el dicho: "Las oportunidades nunca se pierden, siempre hay alguien que las aprovecha". Aquel que pregunta siempre hallará respuesta, acertada o no. Aquel que argumenta tendrá ciertas claves para poder ayudar a los demás y a si mismo. De todas formas, se pregunte o se argumente, seguirá habiendo hambre en el mundo si no se actua y ,aun actuando, a veces, las cosas pueden o no solucionarse o incluso se pueden empeorar ... y eso también me da que pensar.
Según alcanza mi memoria, me recuerdo como un niño vivaz, inquieto, que no tenía miedo a los peligros. De hecho, solía buscarlos. Me gustaba trepar hacia sitios altos aun sabiendo que me caería ... y meterme en lugares excesivamente reducidos aun sabiendo que podría quedarme encajado. También era mucho más avispado de cara a las relaciones sociales. Era el típico niño al que todas las niñas le decían que no querían que yo fuera su novio. Algunas de ellas eran un poco más comedidas; ponían la excusa de que ya tenían a Dani y a Manu de novios y que no querían más, que dos ya eran suficientes. Otras, un poco más "cruelecillas", me daban una negativa justificándose en que yo era muy feo (De aquella el término feo o guapo se medía en función del expediente académico (Progresa Adecuadamente o Necesita mejorar) y del trabajo y del coche de papi, aunque de eso me di cuenta más tarde). Aun así yo lo intentaba una, y otra, y otra vez. La verdad es que no tengo ni idea de cuales podrían haber sido mis motivaciones para hacer ese tipo de cosas, pero me encantaba explorarlo todo y descubrir hasta dónde podrían llegar los límites de todo lo que me rodeaba. En muchos sentidos también me sentía un niño un poco diferente. Dada la educación recibida por mis padres, tenía inquietudes intelectuales que no eran compartidas por mis compañeros de clase ya que sus familias solían ser "perfectas y estructuradas", o así lo percibía yo. Ya desde pequeño me hice consciente de que las parejas Hollywoodienses quedan encerradas en la "caja tonta" una vez que se le da al botón de OFF a través del mando a distancia. Las niñas soñaban con ser princesas, con tener un marido médico (Aunque si una princesa se casara con un médico y no fuera un príncipe, se jodería toda la dinastía real, pero qué más daba ...) mientras que los niños soñaban ... vete tu a saber con lo que soñaban ... quizás con ser pilotos de carreras, luchadores de Pressing Catch o futbolistas, Supongo que los habría más avispados que soñarían con ser médicos para casarse con princesas y vivir felices para siempre, pero eso ya es otro cantar.
Cuando empecé a tomar conciencia de mis pensamientos e inquietudes, al mirar al cielo en una noche cualquiera, quedé hipnotizado ante la majestuosa presencia de la luna llena. Podía mirarla continuamente durante horas y horas, como si el tiempo se detuviera. Tanto fue así que tuve una época en mi niñez en la que quería ser Astrónomo. No sabía exactamente de qué se trataba ni en qué consistía pero me gustaba la idea de mirar siempre hacia el cielo, sin importar la remuneración económica que ello conllevara (Tampoco me planteaba ese tipo de cuestiones financieras de aquella, claro). Es curioso como de niños soñamos con lo que nos gusta de verdad mientras que en nuestra etapa de madurez nos acogemos a aquello que se ajusta a nuestras perspectivas de vida. Como si a medida que avanza el tiempo desistiéramos de nuestros sueños. Como si algún tipo de energía (social) nos hiciera ser conscientes de que somos seres con un sin fin de limitaciones y que esos sueños sólo forman parte de nuestra niñez y que de ahí no deben salir.
Aun hoy por hoy, cuando planteo este tipo de dilemas hay quien me dice: "¿Tienes Hijos? ¿Trabajas? ¿Tienes una hipoteca que pagar? Si no es así, no tienes derecho a lanzar ese tipo de pensamientos ya que si te vieras sumergido en aquello que conlleva este tipo de cuestiones, nunca te plantearías estas cosas". Sí, es posible... De todas formas, pienso que sí que existe gente que aun luchando duramente por la vida se plantea ese tipo de cuestiones. A veces pienso que hay ciertos planteamientos que se tendrán sean como sean las circunstancias de la vida, que parten de la forma que tiene la persona de analizar sus circunstancias. Quizás el principal inconveniente de preguntarme cosas sobre los misterios de la vida es que no hago más que eso, preguntar o argumentar sin actuar de forma eficiente y eso la verdad, me quema bastante. No actuo porque no quiera si no porque a veces peco de precavido ante ciertas oportunidades y como dice el dicho: "Las oportunidades nunca se pierden, siempre hay alguien que las aprovecha". Aquel que pregunta siempre hallará respuesta, acertada o no. Aquel que argumenta tendrá ciertas claves para poder ayudar a los demás y a si mismo. De todas formas, se pregunte o se argumente, seguirá habiendo hambre en el mundo si no se actua y ,aun actuando, a veces, las cosas pueden o no solucionarse o incluso se pueden empeorar ... y eso también me da que pensar.
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