Capítulo II: Un juego de niños

Hace un calor horrible. Recuerdo cuando era más pequeño, que sobre estas fechas estaba lloviendo bastante. El buen tiempo sólia comenzar (Y finalizar) a mediados de septiembre, como preámbulo del otoño. Era entonces cuando en Vigo se empezaba a respirar ese aire veraniego. Un aire veraniego de corta duración, claro, ya que gran parte de julio y agosto estaba invadadida por tormentas, chubascos, a veces aislados u otras veces que duraban días o semanas. Este año sin embargo, parece que la regularidad ha llegado. Una regularidad a la que no estoy acostumbrado por eso de tener temperaturas máximas y mínimas rondando los 35º/24º, aunque de todas formas, podía ser peor ... Menos mal que los embalses están a su máxima capacidad pese a las altas temperaturas y por ahora, parece que el abastecimiento de agua está asegurado para varios meses. También es curioso ese dato. Nunca me he visto en la obligación de tener que dosificar el agua ni de temer que en tiempos futuros hubiera escasez de agua. Puede que nuestra Comunidad Autónoma sea algo así como una especie de territorio formado por "Mimados Ambientales" ya que en materia de recursos naturales, quitando núcleos o casos aislados, pienso que nunca nos ha faltado nada, al menos hasta que el hombre ha puesto su mano encima para fastidiar el invento como en el caso del "Prestige" o los incendios de hace unos años. Pese a eso, creo que este es uno de los territorios más afortunados de toda la Península Ibérica en cuanto a lo relacionado con temas medio ambientales. Cuando era pequeño todo era diferente. De hecho quizás sí que fuera todo diferente. Los conceptos de tiempo y espacio eran diferentes. Las costumbres eran diferentes e incluso, si viviera en esa época en el momento presente, seguramente también sería diferente. Y así debe ser.

Y a todo esto y sin venir a cuento (Como de costumbre) ... recuerdo cuando era más niño que ahora ... , yo tendría unos 6 o 7 años. Me encantaba que mi padre nos llevara hasta "La Virgen de la Roca" en Bayona. Yo de aquella no tenía ni idea de cómo llegar a los sitios. Ni siquiera era consciente del trayecto de un sitio a otro. Sólo recordaba los sitios en sí, me daba igual que estuviera a 1 Km o a 100 Km de distancia (Tampoco sabía bien qué era 1 Km), lo que me impresionaba era ver el lugar en sí. La Virgen de la Roca es un monumento de unos 50 metros de alto aproximadamente, o al menos así lo recuerdo. Reflejaba la típica forma de una Virgen, desde su cabeza hasta sus faldones, por la que se podía subir a través de una escalera interior. Nunca he subido hasta su cima, no sé si estaba prohibido o no pero me conformaba con verla desde fuera e intentar escalarla. Mis padres me dejaban trepar por ella ya que nunca alcanzaba la altura necesaria como para hacerme daño en caso de caida, pero yo me entretenía haciendo esas cosas. Mi padre sin embargo, sí que parecía tener ciertas capacidades para subir a sitios altos. Trepaba por paredes, rocas, árboles llegando hasta alturas considerables o al menos, así lo recuerdo.

No recuerdo demasiadas salidas en plan excursión pero cuando sucedían yo las vivía como el acontecimiento más apasionante de todos los tiempos, como si hacer una actividad en el campo o donde fuera formara parte de una misión tipo película de espionaje. Me gustaba inventarme historias allá a donde fuera. Me gustaba adoptar roles varios como ser protagonista o coprotagonista, de una serie televisiva, que se embarcaba en alguna nueva hazaña ... o a veces incluso me gustaba fingir que un amigo imaginario me hablaba. Yo sabía que no me hablaba, ni siquiera escuchaba nada, pero me gustaba aparentar que así era ante los mayores, no sé por qué. Estaba (Y sigo estando ...) como una regadera, vaya. La verdad es que me lo pasaba genial en mis mundos de fantasía.

Una vez que terminaban mis expediciones, al día siguiente solía comentarlo con los compañeros de clase que, como yo, tampoco tenían ni idea de dónde quedaban las cosas exactamente. Algunos me decían que eso de La Virgen de la Roca no existía, que era imposible que una Virgen tuviera semejante tamaño. Otros solían sorprenderse aunque acababan por aburrirse cuando lo entremezclaba con mis paranoyas de fantasía dándole un aspecto menos verosimil al cuento. Había quienes también intentaban desviar el tema haciendo alarde de que ellos estuvieron en sitios mejores y mucho más divertidos que esos... pero bueno... son cosas de niños. En esos tiempos se creaban historias verdaderas o que entremezclaban lo tangible y lo interpretable, que muchas veces no se comprendían o se confundían con la mentira pero que, ante todo, seguían formando parte de una verdad. Pequeñas maquinitas que ven lo que los mayores aburridos no son capaces de ver, o no quieren ver. Discuten, se enfadan, se vuelven a hacer amigos, vuelven a discutir, pero sólo son eso ... cosas de niños ... sin maldad alguna. Cuando no existe ningún tipo de maldad de por medio, no son necesarias las normas en su estructura social ... y todo vale mientras sea un juego y todo sea divertido.


Hace calor sí, mucho calor ... pero en parte me alegro. Me alegro de haber recordado ciertos aspectos o ciertas visiones de mi infancia que creía olvidadas. Con calor o sin él, creo que he tenido una infancia medianamente feliz. Abstrayéndome en mis mundos de fantasía pero agradeciendo que haya querido salir de ellos por mi propio pié, sin presiones externas. Aun hoy por hoy, pese a haber adoptado algunas costumbres de mayor aburrido, sigo soñando y espero seguir haciéndolo siempre. En ocasiones también me sumerjo en historias irracionales con el fin de encontrar una solución a aquello que lo racional no puede despejar. La verdad es que espero no perder nunca del todo el contacto con ese niño interior que siempre tuve dentro y que me dice que: "Si un problema no tiene solución, sólo tengo que imaginárme la solución para despejar el problema". Sin normas, como un juego de niños.

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