Capítulo IV: El paseo
Me encanta pasear. La verdad es que sí. En un principio, mi propósito era el de correr con el fin de prepararme para una media maratón que se celebrará en unos cuantos meses, pero no sé ... la verdad es que por ahora no lo veo claro, por lo que prefiero pasear. Tanto el correr como el pasear muchas veces parecen como una droga. Es una sensación muy agradable. Generalmente siempre escojo la misma ruta: Balaidos - Toralla - Samil - Balaidos. Me suele llevar como unas 2 o 3 horas hacerla aunque cuando me empacho a la hora de la comida me suele parecer una ruta un tanto corta, de todas formas tampoco me conviene quemarme demasiado, que me estoy quedando en los putos huesos. En estos días, con los catarros, el mal tiempo y esas cosas tengo que obligarme un poco a salir. Suelo tener la manía de no querer reposar ni los catarros pues siento que me curaré antes paseando que quedándome en casa aunque bueno, cuando al día siguiente me encuentro peor procuro intercalar los tiempos de paseo, me gustaría pasear todos los días pero como me dijo una vez el Isidro: "Quien mucho abarca poco aprieta" haciendo referencia a mi dinámica académica. En ese momento, su frase no simbolizó lo que ocurrió en realidad pero bueno ... en cuestión de catarros, la salud debe ser lo primero. Por lo menos ahora, cuando me despierto, ya no expulso a Shrek por la boca cada vez que me da una arrancada bronquial matinal de esas y supongo que eso es síntoma de que voy mejorando. El motivo real de los paseos no lo tengo claro, aunque tengo mis sospechas... de todas formas, mientras sea una costumbre sana ... sólo puede traerme beneficios (A no ser que me atropelle un autobús, que van como locos ... xD)
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